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lunes, 16 de abril de 2012

Lo que nos une y lo que nos separa


Los patriotas españoles llevamos varias décadas sin un rumbo político claro, determinado, correcto y organizado. Concretamente, hemos ido muy a menos desde la perdida del único escaño conseguido por Blas Piñar en 1979, gracias a la coalición electoral Unión Nacional, formada por Falange Española de las JONS, Fuerza Nueva, Comunión Tradicionalista Carlista, Círculos Doctrinales José Antonio Primo de Rivera y la Agrupación de Juventudes Tradicionalistas, contando además con el apoyo en aquel entonces de la Confederación de Nacional de Combatientes y con el soporte de varios medios de comunicación como El Alcazar, El Imparcial y El Heraldo Español. Así, como de centenares de boletines y revistas editados por las delegaciones locales y provinciales distribuidos por miles de militantes comprometidos en la Causa Nacional, en muchos casos hasta las últimas consecuencias. Todo aquel ejército de patriotas fue dilapidado por la incapacidad de nuestras organizaciones y sus dirigentes, que acudiendo divididos en varias candidaturas a unas elecciones generales de vital importancia en octubre de 1982, nos dejo sin representación parlamentaria, con todo lo que ello conllevaba. Después, todo lo demás ya lo conocemos sobradamente, con la pérdida de peso real del patriotismo en las calles y en la política española con proyectos y más proyectos sin resultados apenas destacables. Evidentemente, solo la unidad de los patriotas nos ha dado resultados positivos a lo largo de nuestra historia, primero con la fusión de la Falange con las JONS, luego bajo el mando único de Franco tras el Decreto de Unificación para ganar la guerra civil, y finalmente con el denominado Movimiento Nacional durante todo el periodo de progreso en el franquismo. Es cierto, que toda unidad conlleva una cesión o renuncia en algunos planteamientos o en muchos, pero también es cierto, que sin generosidad por todas las partes implicadas es imposible alcanzar acuerdos que nos permitan avanzar en el sentido adecuado. Por ejemplo, es cierto que nadie puede decir que Franco era falangista, sin embargo, gracias al Caudillo una buena parte del ideario de José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo fue puesto en práctica a través de las instituciones nacidas del Régimen del 18 de Julio de 1936. Aunque es cierto, aquello de la famosa revolución pendiente, tenemos que tener claro que la Falange por si sola jamás hubiera podido aplicar ni poner en practica una sola de sus normas programáticas fundacionales, por la sencilla razón de que nunca tuvo la oportunidad de poder realizar la conquista del estado. Es por ello, que tenemos que decidir que es lo que queremos y que es lo que hacemos. Una, es seguir como hasta ahora. Es decir, divididos, sin representación, sin apenas presencia en las calles, sin estructuras sólidas, sin organización y sin medios capaces de conseguir frenar el final de España como Nación y la perdida de las conquistas sociales ganadas con el sudor de su frente por los trabajadores españoles durante el ultimo siglo. Otra, es buscando motivos y razones para converger falangistas, social-patriotas, nacional-revolucionarios, franquistas, social-cristianos, identitarios o nacional-demócratas en un mismo proyecto político situado en el presente histórico, para dar respuesta a los retos que tenemos planteados ante la encrucijada en que nos encontramos por este Sistema y su crisis global que nos arrastra hacia la total desaparición de las naciones y los hombres libres.